Mostrando entradas con la etiqueta ovulando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ovulando. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2013

Domingos

Es una especie de sensación de culpabilidad. Culpabilidad al darte cuenta de que estás pensando en algo que la sociedad intenta imponernos a todas desde la primera película de Disney que vemos hasta que llegamos a Sexo en Nueva York; y da rabia cuando ves que tus principios de autosuficiencia un par de veces a la semana (o más) se rompen.

Nos instan a encontrar al amor de nuestra vida, como si eso existiera. O mejor dicho, como si eso tuviera que existir para todo el mundo. No. Tendría que ir por otros derroteros: no quieras depender nunca de nadie excepto de ti, disfruta cada momento, sal con tus amigos, habla con ellos, lee, ve al cine, (son)ríe a carcajadas, date un capricho, come chocolate, bebe sin moderación de vez en cuando, escucha música y cierra los ojos, aprende todo lo que puedas, diviértete, cuida a la gente que quieres. Y si llega alguien con quien quieras compartir todo eso y la cama, pues mejor, pero no imprescindible. Y si no quiere, él se lo pierde, sin dramatizar.

Pero aun sabiendo todo esto, llegan esos momentos a la semana en los que te apetece ver una película debajo de una manta abrazada. Confesar secretos inconfesables y crear secretos nuevos. O que te despierten por la mañana con un beso. Un domingo de resaca compartido. Incluso simplemente echas de menos escuchar una canción y poder pensar en alguien en concreto y que se te ponga cara de tonta.

Y llega la culpabilidad, por pecar de débiles arrastradas por el concepto de amor romántico cuando tienes muy claro que es una invención del mundo moderno occidental y que tú estás por encima de esa "necesidad" disparatada.

Con un café en la mano una mañana de domingo sentada en un sofá en pijama. Y una amiga con otro café sentada en otro sofá también en pijama. El mismo sentimiento de culpabilidad.

Compartida es menos culpa. Y la necesidad ya no es necesaria.


Y esos momentos, únicos.









jueves, 12 de septiembre de 2013

Música y sexo

En mi vida ha habido dos momentos hipercultos que pueden ser una mezcla de síndrome de Stendhal con calentón de toda la vida. Adelanto que ninguno de ellos llevó a absolutamente nada, con lo que se podría concluir de estas dos experiencias que, en mí, el arte no está hecho para ser mezclado con la carne.

Una de las historias sucedió con la lectura compartida de cierto libro que, la verdad sea dicha, trataba de manera bastante explícita lo que no se llegó a hacer. La otra, sin embargo, fue fruto de la perversión de mentes obsesionadas con la música. El chaval proponía este concierto de Tchaikovsky. Yo, mundana como soy, acabé convenciéndolo de que tenía más sentido "El tango de Roxanne".

Esta disparidad de gustos me llevó a pensar que, en realidad, la pregunta a la que intuitivamente habíamos respondido a la hora de elegir canción era distinta en un caso y en otro;  hay dos tipos de músicas para dos cosas diferentes: hacer el amor y  follar. Y es que no puede ser lo mismo. Empezando por la duración. 32 minutos frente a 7. Siguiendo por la diferencia evidente de lo instrumental frente a una canción que habla de una prostituta y de celos. El ritmo. La tensión. La propia armonía de las obras y la instrumentación. La exaltación de los sentimientos y la necesidad de satisfacción. La música tampoco podía ser la misma, claro está. Por eso partimos de preguntas distintas, quizás conscientemente.

Supongo que dependerá de la persona, pero yo me alegro de no haber usado todavía la música para la primera opción. Si cualquier detalle me lleva a recordar relaciones pasadas (en especial canciones y olores de hace sin problemas 9 años), usarla sería un suicido emocional.

Desde el momento "cuál es la mejor música para echar un polvo", he pensado muchas veces en la respuesta. Han sido varias las conclusiones. Hubo una época en la que casi cualquiera de Muse me habría valido. Otra en la que Rihanna, así, dándolo todo. "Muerte en Hawai" de Calle 13 para una mezcla entre sentimientos y lujuria. "Get Lucky" lo llenaría de buen rollo. Pondría "La danza de los caballeros" de Prokofiev para hacerlo muy épico y despechado. Y últimamente me inclino por "Follow" de Crystal Fighters, sí.

Una lista siempre en construcción.